Flora

Entre Flora y Floralba

Aunque es una parte importante en su vida, para Floralba Achicanoy la actuación es una actividad que no ha podido desarrollar a plenitud. Después de aƱos de estar alejada del teatro, se enteró de la convocatoria para la sirga a través de un canal de televisión local. El respeto que le tiene a William, el director, y a la locación de la película fueron los que la motivaron a presentar al casting. La Cocha es un cabildo indígena, uno igual al que ella pertenece, por lo que cree firmemente en la especial energía que alberga este gran lago.

El personaje de Flora no le es del todo ajeno a Floralba, quien se valió de la vida de su madre, una campesina trabajadora, y de testimonios de mujeres, con quienes trabaja como mediadora, para construir su personaje. Aunque ella es más alegre y extrovertida que Flora, ésta le recuerda la fortaleza de su mamá, lo que la llevó a descubrir esos mundos de las campesinas, esos matriarcados donde la figura femenina evoca la protección y el cuidado. Sin embargo, la parte afectiva parece ser la parte más oculta de Flora, lo que viene de aquello que le ha ocurrido en su vida íntima, que está marcada por la soledad. Así genera una cercanía particular con su vecino óscar, a quien siente debe proteger ya que ha sido abandonado y ni él cuida de sí mismo. Por eso su recelo hacia Alicia, porque teme que llegue a invadir ese terreno que ella ya ha ganado.

El conflicto es algo que se siente en el cotidiano. “El desplazamiento, llega a tu tierra gente que nos es de la misma tierra. Hay un choque social, un roce cultural. Lo peor de ese conflicto es que nos ha vuelto tan insensibles por su misma cotidianidad, se ve como el transcurrir natural de las cosas.” Así perciben tanto Flora, como Floralba Achicanoy, un flagelo que se extiende por todo el país. “A Flora le pasa lo que nos pasa a muchos, prefiere no hablar del conflicto. Nos acomodamos en una burbuja, y hasta que no nos toca de frente el conflicto, no nos duele. Es como un adormecimiento.”