Bitacora de un viaje

Bitácora de un viaje

Aventurarme a escribir y a dirigir esta historia, nace de la necesidad por redescubrir la tradición narrativa a la que pertenezco. Mi primera pregunta como creador busca responder a qué historias me debo, cuáles me cautivan y logran invadirme. Es así como recuerdo con complacencia los mitos y leyendas que hablan de pueblos, dioses, semidioses, héroes y mártires indígenas que actúan alrededor de las grandes lagunas. Estos lugares enclavados en la cordillera de Los Andes han sido por siglos el epicentro de la sabiduría, que gracias a la tradición oral permite la durabilidad de las fabulas que ahí han ocurrido y que también se inventan. Esta fascinación por las lagunas encantadas.

La escritura de la sirga tiene su origen en la seducción por un lugar geográfico periférico y desconocido por Colombia y el mundo. Más allá del espacio, es la manifestación de asombro por la gente del lugar. Campesinos con un legado indígena que hoy resisten ideológicamente para que sus tradiciones existan y sigan existiendo, para que la relación con la tierra y con el hermano sea limpia, pura y se extienda así por todos los tiempos y todos los espacios. Familias y vecinos construyen una vida admirable en medio de un país en conflicto, entre un país con hambre, desigualdad y guerra. Una comunidad con una propuesta de transformación del pensamiento y las relaciones, que otros hermanos desconocen. Hermanos que hieren la tierra y la desangran.e Latinoamérica es el punto de partida para crear mi propia leyenda.

Lideres cansados del destino desolador al que llevaba el desequilibrio ambiental por la extracción del carbón y la pesca indiscriminada en la laguna. Hombres y mujeres que entienden que la tierra no es una herencia de sus padres sino un préstamo de sus hijos, y es esta responsabilidad la que les lleva a amar cada acto del día, con ellos, con los suyos, con las plantas, los animales y la gran laguna.

Es ese embrujo el que conduce a escribir la fábula de Alicia, la historia de una foránea que se convierte en foco de atención de hombres y mujeres, que se echa en hombros la responsabilidad de salir a flote en medio del desastre.

Una historia que se aleja de la visión paternalista de las víctimas de un conflicto armado para vivirse desde las cualidades y defectos de un ser humano. Una historia construida sobre los vacíos de la vida misma que deja un registro sobre ese hostal inacabado que después de mucho esfuerzo, tiempo y trabajo continuará inacabado. Porque así somos, incompletos como Alicia, quien parece condenada a no encontrarse. Pendientes, siempre con algo por resolver que luego se convierte en otro asunto y otro y otro. Una historia escrita desde la impotencia de cambiar al personaje, sus acciones y su destino. Desde la incapacidad de juzgar a un ser tan complejo, pues Alicia es mi madre y es mi hija. Es mi hermana y es mi esposa. Una sobreviviente de sus propios errores y de la maldad de los hombres. Hermosa y turbia. Bondadosa y destructiva.

Busco una escritura con imágenes y sonidos coherentes con la verosimilitud de este lugar. Planos fijos amplios y descriptivos contribuyen a crear la sensación de quietud al tiempo que refuerzan la idea de una soledad claustrofóbica. Visualmente, la sirga debe contarse con planos que contienen al personaje pero también su entorno, pues no es posible pensar a esta comunidad sin obedecer al contexto del páramo, a su relación con la gran laguna y los totorales. Esta relación del espacio también se transmite con el tiempo. El tiempo en que algo o aparentemente nada ocurre en el plano, permitirá la asociación de la ficción y la realidad que será la apuesta para crear una película sincera dotada de verdaderos momentos poéticos.

la sirga no es una película neorrealista. La simbología y las metáforas que pretende la apartan de esta corriente, pero a su vez busca momentos donde la cámara se dedica a esperar y a observar a sus personajes, a ver a dónde les conduce su existencia. En otros momentos, será la cámara la que buscará integrar en las escenas más realistas elementos oníricos viajando entre imágenes aparentemente desconectadas.

Dramatúrgicamente es una apuesta por la expresividad de lo inexpresivo, por el gesto contenido. Por potenciar personajes turbios, que como todos, ocultan algo. Me interesa la exploración del ser humano como actor. No como intérprete, sino cómo actúa, cómo acciona en un entorno. De ahí el control que quiero tener de la escena pero también la posibilidad de renunciar a él. A dejar que por momentos la película sea y este en capacidad de superar mi relato. No se trata de sugerir a los actores cómo deben sonreír o cómo deben estar tristes porque no es real. Alargando las tomas, quiero llegar a un momento en que el actor ya no sepa si estamos rodando o no. Entonces es cuando deben aparecer sus propios gestos, cuando surge lo auténtico, lo que no está manipulado, lo más cercano a la realidad. Para complementar la forma en que se cuenta la sirga, será necesaria la misma comprensión desde lo sonoro. la sirga es una ficción donde el contexto bélico ocurre fuera de cuadro y nunca de manera directa. La guerra nos llega por asociaciones auditivas. Nos llega con el rugir que se extiende desde el otro lado del páramo y zumba en los oídos de los personajes como amenazantes truenos. Es una película sonora en donde los diálogos, los ambientes, los ruidos y los silencios construyen toda una información independiente de lo visual. No es posible entender la realidad del lugar y de los personajes sin el sonido que ahí está presente. De ahí que la música siempre será diegética.

Esta es la propuesta tanto en rodaje como en montaje que busca construir este poema trágico sobre la humanidad representada en Alicia, que navega entre la belleza de un lugar, de una raza, y el inminente horror que viene incluido en la condición humana.