Alicia

Joghis Arias se apropia de su dolor

Dentro de los planes de Joghis Arias la actuación nunca estuvo presente. A los ocho años tuvo que huir con su madre de su pueblo natal, Florida (Valle), a casa de su abuela materna en Florencia (Caquetá). El conflicto cobró la vida de su padre y su abuelo, marcando la vida de Joghis fuertemente. Cuando se graduó del colegio, tenía muy claro que no quería ser como la mayoría de las chicas en el pueblo, embarazadas a temprana edad, sabía que su futuro estaba en la ciudad, donde quería estudiar comunicación social.

A los 16 años se presentó a la Universidad del Valle, pero las inscripciones no estaban abiertas para la carrera que quería. Por recomendaciones se inscribió a la carrera de Artes Escénicas para garantizar su ingreso a esta institución y después cambiarse a Comunicación Social. Cuando tuvo que presentar las audiciones, no sabía qué era un monólogo y nunca había visto una obra de teatro, pero entre 50 personas, Joghis ocupó uno de los cinco cupos disponibles.

La pregunta que se hizo los primeros semestres era sobre la utilidad de la actuación, y fue una tarea sobre historias autobiográficas la que cambió su perspectiva e hizo que su título profesional no fuera de Comunicadora Social, sino de Licenciada en Artes Escénicas. Apropiarse del dolor propio para transmitir experiencias de vida a los demás, hizo que Joghis Arias concibiera la actuación, más que como algo mimético, como una comunión perfecta entre el actor, el espacio y el público. Por eso siempre ha sido reacia a presentar casting, pero la insistencia de una compañera de la Universidad, la motivó a presentarse al de la sirga.

Nunca tuvo el guión en sus manos y se pregunta qué pensaría el director si supiera que la segunda vez que se vieron, en la casa de ella, le pidió al portero estar pendiente del desconocido que llegaría. El recuerdo de ese día pinta una sonrisa en su cara, ya que después de trabajar con William, siente un gran afecto por él, quien le contaba las peripecias de una joven campesina que huía del conflicto armado en busca de lo único que le queda para aferrarse. Era una dinámica similar a la de Scheherezada, cada día la historia de la joven campesina se iba nutriendo máas, pero nunca podía saber cómo terminaría.

Joghis se convirtió en Alicia, en una búsqueda interior de una joven que, como ella misma dice, "en cada pueblo, en cada barrio, en cada esquina, desafortunadamente existe". Ella misma lo es, fue desplazada de su tierra y alejada a la fuerza de algunos de sus familiares más cercanos.

La figura de Alicia se devela borrosa a través de la niebla; su rostro sólo se revela con el peso de su caída. Surge de la levedad, pero su travesía se determina por el peso de su derrumbamiento. El conflicto armado la separó de su familia, a la que jamás volverá a ver, siendo este duelo su llamado al viaje, una viaje donde ella se funde con la niebla, y así como las nubes descargan el agua, hay una vehemente espera por el momento donde se desata lo ineludible.

Alicia está pasmada, suspendida en el tiempo. Se mueve como la niebla, empujada suavemente por el viento, por la última gota de fuerza que lleva adentro: encontrar a su Tío Óscar, el único familiar que conserva con vida. Se mueve para no morir, pero no necesariamente para vivir. Interpretar a este personaje le dio a Joghis la fuerza para hablar de un conflicto. Es la vida de Alicia, una vida sencilla que está ahí, para que la gente se identifique con ella como un personaje orgánico que se apropia de una problemática donde "no se sabe quiénes son los buenos, quiénes son los malos; uno simplemente está ahí, en la mitad…Es llenarse de valor todo el tiempo, de fuerza. Alicia es la metáfora del comienzo, de volver a empezar".

En la diégesis de la sirga, Alicia es un personaje que evoluciona: desde su derrumbamiento, representado a través de su caída, hasta ese momento de calma, de estabilidad que logra en el hostal después de estar muy lastimada. Su final es un volver a empezar, un encuentro con ella misma que la llena de fuerza.

Tanto para Joghis como para Alicia, la laguna es un lugar especial. Recuerda que estuvo muy estresada los primeros días de rodaje, hasta que se dio cuenta que no podía ir en contra del ritmo de la naturaleza, porque la Laguna es la estabilidad, el equilibrio. Por eso Alicia camina hacia ella dormida, "la laguna es el llamado a olvidar las ataduras. Es encontrarse con una energía que libera". Así como la sirga fue una experiencia de encuentro con su interior a través de Alicia, fue estar en comunión con la naturaleza, lo mismo que para ella ocurre con el arte.